Opiniones sobre la poesía de Alberto Blanco


© Francisco Olvera
© Francisco Olvera

La poesía de Alberto Blanco, desde los primerísimos poemas hasta los últimos que conozco, está marcada hondamente con ese intento de entrar en contacto directo y sin intermediarios retóricos con lo esencial de su condición de testigo. Es una poesía en la cual es muy difícil rastrear antecedentes u obediencias a escuelas y a voces distintas de la suya propia. Tampoco creo que vaya a reunir a su alrededor coro alguno de discípulos o seguidores. Porque esta poesía es la consecuencia de un arduo trabajo interior, de una perpetua fe en los dictados de una voz que nos trasciende y que, para conseguir escucharle en los raros momentos en que nos es dada esa gracia, hay que haberse despojado de la bochornosa impedimenta que amarra a los hombres a la noria sin sosiego de las más torpes rutinas.

Álvaro Mutis

 

Lo que sí le puedo decir es que hay muchos jóvenes que están dejando de serlo y que se responsabilizan de sus obras, son nacidos en los años 50 y me atrevo a decir algunos nombres que ocuparán un lugar muy importante en la tradición literaria… Me llama la atención Alberto Blanco y una visión de la poesía tan llena de pintura y pintores.

Octavio Paz

 

Recuerdo una intensa conversación con Octavio Paz, hace muchos años: al preguntarme por los poetas hispanoamericanos jóvenes que me interesaban, le dije: Alberto Blanco. “Claro -respondió-, es de los mejores; tiene la gracia y la libertad de un Paul Eluard”.

Andrés Sánchez Robayna

 

Alberto Blanco nació en 1951 y ha hecho en menos de veinte años y antes de cumplir los cincuenta una de las obras más vastas, originales y diversas de la nueva poesía en lengua española.

José Emilio Pacheco

 

Los poemas de Alberto Blanco, a través de varias décadas, han revelado con precisión y delicadeza un paisaje imaginativo original, con un lenguaje y unas imágenes que son, a la vez, íntimas y vastas, enraizadas en la rica tradición de la poesía mexicana.

W. S. Merwin

 

Los poemas de Blanco, escritos con una gran seguridad, construyen un puente sorprendente entre lo inconcluso y misterioso, y una seca y ligeramente caprichosa paciencia.

Gary Snyder

 

Hay pocas voces, en la más reciente poesía mexicana, tan seguras como la de Alberto Blanco. Tiene a su favor la precisión con que utiliza las palabras, la concisión de sus imágenes y una objetividad, carente de patetismo, que podríamos calificar de cristalina.

Jean Clarence Lambert

 

La profunda poesía de Alberto Blanco habita lo mismo el mundo de todos los días que el universo de la imaginación; estos poemas vuelan con sus propias alas y secretan su propia luz. Alberto Blanco es un maestro de los instantes de clara, brillante, y súbita conciencia, que son la carne y la luz que hacen tan especial su poesía.

Michael McClure

 

Una voz cada vez más importante en el contexto de la poesía mexicana y latinoamericana, Blanco rebasa las fronteras de la poesía con su trabajo como artista visual, músico, ensayista y traductor.

Jerome Rothenberg

 

Pero esta poesía añade a las ya descritas otra dificultad: la de su metro y rima, no menos concentradas y concéntricas que el resto de su sistema formular. Y esto sí que Alberto Blanco lo resuelve del mejor de los modos, al mantener la concatenación lírico-semántica de los sonidos y al encontrar para ellos una tan precisa como adecuada modulación: la suya, pues, es una versión que podríamos definir como ‘de orfebre’ y que no altera la pureza lingüística de unos poemas ‘sin ropaje ni nombre’, que su autora consideró ‘correos escondidos’ y que forman su carta al mundo a un mundo que nunca le quiso contestar. Alberto Blanco en Amherst Suite, le contesta, por el mundo y por él, en un conjunto de cuarenta poemas dedicados a ella que son y así conviene verlos— un homenaje como el que a Propercio hizo en su día Ezra Pound. Para Emily Dickinson ‘el camino de la experiencia es anguloso’. Gracias a la versión de Alberto Blanco, la coloratura de sus rimas no lo es.

Jaime Siles

 

Llanamente trato de llegar a mi pasión y aunque ahora dudo realmente quién escribe o quién toma la palabra, pienso que se relaciona con ese río  inmemorial donde todos escribimos al mismo tiempo. Porque para escribir se tiene que suspender la vida y la muerte, es ese instante donde también convergen Shakespeare, Homero, Alberto Blanco, Octavio Paz, Pablo Neruda… todos escribimos al mismo tiempo.

Raúl Zurita

 

Alberto Blanco significa un intento serio y realmente logrado de equilibrio entre una visión abstracta del mundo, ideal, y su traslado a la concreción en el campo del poema. Hay oscurecimientos, es cierto, hay manchones en el paisaje, hay hermetismos… pero hay también, y esto es fundamental, la convicción de una armonía secreta y el dibujo nítido de su perfil. Tras el rayo representa una escritura medular en la nueva poesía mexicana. Es uno de los libros sobresalientes y más estimulantes -tal vez, lezamianamente, por lo difícil- de los últimos años.

Eduardo Milán

 

La antología de poemas de Alberto Blanco: El libro de las plantas, cumple el renglón dedicado a estupendas producciones de este incansable y fecundo colega, que ha sentado desde hace tiempo reconocimiento general de originales y sólidos nuevos materiales líricos.

Eduardo Lizalde

 

Hay en los poemas de Alberto Blanco emoción dominada y, algunas veces, angustia sin quejumbre. Hay, sobre todo, iluminaciones aun en los poemas “mortales”.

Ramón Xirau

  

Gracias a Alberto Blanco por su Antes De Nacer. El carácter experimental de su escritura nos atrae. Su tentativa de conciliar ciencia y poesía (o bioquímica y poética) nos seduce. ¿Es el Tao de la ciencia el camino de la poesía? ¿Hasta qué punto puede hablarse de una genética del espíritu? De cualquier manera que se vean o se respondan, o se soslayen, estas cuestiones, Alberto Blanco alcanza con esta obra una madurez definitiva.

Jaime García Terrés

 

Sin duda una de las voces más interesantes de la nueva poesía mexicana es la de Alberto Blanco. Una extraña y delicada combinación de misticismo y materialidad, de temblor visionario y preocupación por lo cotidiano, le confiere a su poesía una personalidad que difícilmente podría confundirse.

Evodio Escalante

 

Hace algunos años se publicó en la Ciudad de México Giros de faros (Fondo de Cultura Económica, 1979) de Alberto Blanco –un libro de inusitada calidad poética. Muchos jóvenes desde entonces, no han tenido sin embargo la oportunidad de leer los excelentes poemas contenidos en este libro.

Hugo Gola

 

La obra poética de Alberto Blanco es, de por sí, una de las instancias de fidelidad mayor de la poesía mexicana de este fin de siglo… la obra de este poeta entre los poetas se ha ido construyendo como una apuesta por nosotros mismos. Esto es, Blanco no escribe para probarnos su capacidad de decir sino para demostrarnos nuestra capacidad de ver.

Julio Ortega

 

Alberto Blanco convoca tranquilamente a las predilecciones y fobias de las que clásicamente abjurará. En Giros de faros (1979) o en El largo camino hacia Ti (1980), lo cotidiano es siempre lo que ocurre de otra manera, lo que los demás no se detienen a ver, la lenta maduración de objetos, seres y situaciones, la hermosa iridiscencia de los sonidos, los procedimientos sinestéticos impalpables. Aquí se acata el orden de los clásicos y su exigencia de otro tiempo poético, donde las insinuaciones alcanzan el grado de revelaciones, las imágenes se trazan con cuidado de dibujante y al poema se le exige la condición autosuficiente, que se cierre sobre sí, y consiga ajustar su claridad a las necesidades descriptivas. Poesía desde la fascinación por las cosas, desde la transformación de sensaciones en proposiciones visuales. El gusto de Blanco por la naturaleza es genuino y es artificial, sin contradicción alguna.

Carlos Monsiváis

 

Nacido en 1951, egresado de la Ibero como químico con mención honorífica por una investigación sobre sustancias sicotrópicas, Alberto Blanco es un hombre del Renacimiento. Sus múltiples talentos lo llevaron también a hacer estudios de maestría en El Colegio de México, en el área de China. Sin embargo lo conocemos mejor como poeta y un poeta que ha sido traducido al inglés, francés, alemán, holandés, sueco, danés, búlgaro, rumano, ruso, italiano, japonés y portugués. Blanco fue el primer mexicano publicado por la editorial City Lights, de Lawrence Ferlinghetti.

Elena Poniatowska

 

El verbo cantar se conjuga en la poesía mexicana contemporánea en distintos tonos. El de Blanco es uno de ellos. Ingenio versátil, pintor, músico, químico, diseñador y crítico de artes plásticas conoce las fases que rigen la máquina de trovar. Sus poemas enuncian el misterio; auscultan la secreta relojería del universo en la naturaleza. A lo largo de una obra serena y sostenida, ya extensa, va desgranando los frutos del conocimiento, sembrando sus semillas en el cuerpo del texto.

Adolfo Castañón

 

La poesía de Alberto Blanco adquiere matices cosmopolitas. Su poética de la intuición epifánica del instante, y su ejecución que conjuga el lenguaje denotativo y el figurado, se resuelven en un lirismo casi absoluto. Así, por su percepción iluminadora, completud, herencia y originalidad, en la carrera contra el tiempo de la poesía hispanoamericana contemporánea, yo apuesto al siete policromático de la escala musical y al cuatro de los puntos cardinales, los números de la suerte; es decir, yo apuesto a la luz de Blanco.

Jacobo Sefamí

 

Cuando llegamos a Alberto Blanco, nos aproximamos al rostro de un poeta cuyo alcance es universal… Alberto Blanco ha traducido a Allen Ginsberg, Ezra Pound, W. S. Merwin, Emily Dickinson, Tu Fu, Li Po, Jules Laforgue, Bertolt Brecht y Kenneth Patchen -entre otros- pero en Cromos, si en alguien me hace pensar, es en Wallace Stevens. Este libro es una celda solar, una trampa para fotones, un espectrógrafo prismático, un manual de comportamiento fototrópico.

John Oliver Simon

 

Prolífico, versátil y diverso, las inquietudes de Alberto Blanco ocupan un amplio espectro de actividades donde la música, la ilustración y la investigación científica se complementan con la poesía. […] Blanco habla del alba, del nacimiento: ésa es su morada. Su luz es “la luz de la primera edad”.

Ramón Cote

 

En el tejido de imágenes de El largo camino hacia Ti, Blanco consigue, como en su impar modelo (las Iluminaciones de Rimbaud), bellas elevaciones sensoriales: imágenes que producen una sensación flotante, aérea, y en ciertos instantes, de reposo o letargo. Lo admirable es que ha logrado que esas radiantes imágenes disparadas tengan continuidad y coherencia dentro del discurso. Ha sabido racionalizar -hasta donde le es posible- las visiones y circunstancias irracionales

Marco Antonio Campos

 

Una nueva traducción, a cargo esta vez del mejicano Alberto Blanco. El ajustado prólogo repara en la singularidad reconcentrada del ‘tono menor’ de la Dickinson, partiendo de dos de sus fulgurantes y enigmáticas expresiones: ‘Mi negocio es la circunferencia’ y ‘Multiplicar los muelles no disminuye el mar’. Y justifica la reducción a 55 poemas, los mismos que años vivió la autora, por tratarse de una apuesta a favor de la calidad… El volumen se completa con ‘Amherst Suite’, 40 cuartetas dobles escritas por el propio traductor a la manera de la poetisa norteamericana, dedicados a ella, que son, por un lado, prueba de la perfecta asimilación en cuanto a estilo y contenido de su universo lírico, y por otro, del buen hacer poético del propio Alberto Blanco.

Fermín Herrero

 

Alberto Blanco, poeta mexicano, por veces científico, otras más artista visual, ha jugado silenciosamente un papel primordial desde su espacio de escritura y creación para remover viejos pilares de una poesía solemne y cerrada a los diálogos con otros medios artísticos. Sus mundos, visual y poético, se trasvasan mutuamente para crear un corpus dotado de sentido del humor, ruptura de límites y una poderosa mirada.

Rocío Cerón

 

El poeta y artista visual mexicano Alberto Blanco dedica su antología titulada A Cage of Transparent Words, a “Los Grandes Transparentes”. Traducida por un equipo de ocho traductores, la generosa selección de poemas de Bitter Oleander Press, provenientes de nueve de sus libros presenta, con un estilo muy logrado, meditaciones en torno a la profundidad y la transparencia, la visión y la realidad de la existencia, convocando a lo desconocido y lo invisible para mantener vivos el misterio y la imaginación.

Greta Aar

 

Alberto Blanco es uno de los poetas mexicanos más notables entre los nacidos en la segunda mitad del siglo XX. Es autor de alrededor de treinta libros distinguidos por la perfección y originalidad formales, gracias a una extraña sensibilidad, capaz de llevar al poeta a regiones imaginarias donde resulta posible (felizmente) construir nuevas formas, nuevos mundos. De esta suerte, no ha sido extraño que la poesía de Alberto Blanco colinde en numerosas ocasiones con imágenes y realidades creadas en las artes visuales. Tal cosa sucede ahora de modo directo con el cinematógrafo, medio en movimiento (como la poesía, como la lengua, como la mirada, como el mundo). Breves poemas, escenas rápidas que pueden ser largas secuencias, historias completas, circulan en este libro hermoso en el que el cine y la poesía se lían para producir creaciones paralelas, de imperecedero impacto, juguetonas, bellas, inquietantes. El cine y la poesía son lo mejor de la vida, parecen decirnos estos poemas preciosos.

Juan José Reyes

 

 


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