La poesía es la otra forma de usar el lenguaje


La poesía es la otra forma de usar el lenguaje

Entrevista hecha por José David Cano para El Financiero

La verdad, no sé por dónde empezar, le dije a Alberto Blanco en cuanto nos sentamos a platicar. Aunque sonriendo, él me miró con cierta extrañeza, así que me apresuré a corregir mis palabras: verá -continué-, de pronto ha vivido una especie de explosión literaria y, en el lapso más o menos de un año, han aparecido cuatro libros suyos: dos de poesía, dos de ensayos. El maestro Blanco, entonces, volvió a sonreír amablemente y dijo: “Sí, dicho así, eso parece”, y soltó una risa contagiosa. Yo le miraba un tanto distraído, y confieso que con admiración. Me explico: pocas personas pueden apuntar -digamos- en su pasaporte tantos y variados oficios o profesiones: es químico, pero también traductor, ensayista y practicante (y conocedor) de las artes visuales; incluso, ejerció de rockero juvenil… Sin embargo, el rostro que más se le conoce públicamente es el de poeta -y de los buenos, agregaría yo: fue el primer mexicano publicado por la mítica City Lights, de Lawrence Ferlinghetti, por poner sólo un ejemplo. Así que ahí estábamos sentados -él con su sencillez, yo con mi admiración-; al cabo de unos segundos, retomé el hilo de nuestra conversación: ¿cómo describiría esta etapa, maestro?, me vi diciéndole de pronto… Él respondió: -Visto desde dentro, para mí no es una etapa distinta ni un periodo especial. Veo mi trabajo desde hace mucho tiempo como un río que fluye con bastante sosiego. Es la verdad. Te confieso que, por muchos años, ingenuamente creí que así era para todo el mundo. De veras lo creía. Pensaba que para todos los poetas, escritores, artistas, el proceso era el mismo básicamente. Yo escuchaba, entre divertido y azorado, todas estas historias de la angustia frente a la página en blanco, de los periodos de esterilidad y de desesperación, de la tristeza postpartum. Yo estaba convencido de que eran simplemente poses. Me tardé varios años en descubrir que no era así; que, en efecto, para muchos artistas existe todo eso… -¿Cómo lo descubrió? -Me di cuenta que detrás de todas esas angustias y tristezas y desesperación hay otros factores que están operando, y que lo complican todo. Básicamente todas son reacciones que tienen que ver con las grandes expectativas, a veces las expectativas desmesuradas que tienen los artistas y los escritores con respecto a su trabajo. Es decir, con respecto a los resultados que pueden o podrían obtener con su trabajo. En ese sentido, el proceso creativo para mí jamás ha sido algo que involucre angustia, sufrimiento… de hecho, lo considero algo gozoso y de lo que estoy muy agradecido. De verdad: no me preocupa gran cosa cuándo va a estar terminado un libro, ni cuándo se va a publicar, ni qué resultado va a dar, ni qué tanto se va a vender o se va a leer, ni cuánto tiempo va a tardar en agotarse la edición, o qué va a pasar con él… Entiendo que cada hijo, en la medida en que es una criatura independiente, vive su propia vida. Respeto muchísimo eso, tanto en el caso de mis hijos como en el caso de los libros (entendido éstos como hijos metafóricos). Así que pongo la atención en el proceso creativo, que es lo que realmente me entusiasma y me interesa. Por ello, de pronto suceden cosas como lo que me ha ocurrido en el último año, que aparecen aparentemente de golpe cuatro libros… Es cierto: a veces da la impresión como que obedeciera a un estallido de creatividad de los últimos tiempos, y no es así. Todo es parte del mismo proceso, ya que de repente puede pasar tiempo en el que no aparece nada, y no es porque no esté trabajando… -Eso lo tengo claro -dije-. Hablaba de procesos creativos, ¿cómo son éstos ahora, maestro? -Depende de lo que hablemos. Pues, de entrada, considero a la poesía como un género muy distinto de todo el resto de la literatura -puntualizó Blanco-. Pero esa es una manera de ver muy personal. He insistido mucho, a través de todo este tiempo, en que la poesía es la otra forma de usar el lenguaje. Así que, para empezar, habría que hacer ese deslinde… ¿Qué pasa con la poesía? Lo que pasa siempre: la poesía se mueve como quiere y cuando quiere. No obedece a nuestros reclamos. En todo caso, lo que nos corresponde es simplemente estar en la disposición correcta para atender el llamado cuando llega, y saber qué hacer cuando llega, desde luego. Ese “saber qué hacer” implica un aprendizaje, que es largo, que es dificultoso, que es complicado, y por el cual también yo pasé hace mucho tiempo… Y, además, continúa… aunque no soy de los que creen que este aprendizaje es infinito y no tiene límites. No. Aquí lo único que no tiene límite es la poesía. El aprendizaje, en cuanto a la utilización de las herramientas en un taller, no es infinito. -¿Y en lo que toca a otras formas, como el ensayo? -Al paso de los años para mí se ha vuelto más sencillo escribir ensayos. Justamente por el conocimiento de las formas y el manejo de las herramientas. Sin embargo, en cuanto al proceso interno cada vez es más difícil; cada vez siento más y más dudas sobre la pertinencia de decir esto o aquello, sobre la necesidad de decir esto o aquello. Cada vez siento con más fuerza que no es necesario hablar sobre tal cosa o sobre tal tema. En ese sentido sí creo, sinceramente, que no vendrán muchos ensayos más sobre artes visuales… aunque puedo estar equivocado, ya lo he estado muchas veces. Y es que implica mucho trabajo interior, mucho observar. Tomar notas. Leer. Ver. Otra de las razones es que desde hace largo tiempo empecé a sentir con mucha fuerza la necesidad ya no de reflexionar sobre el trabajo de otros, sino de reflexionar sobre mi propio trabajo. Así que en gran medida esa energía la he dedicado sobre todo para ir escribiendo con mucho trabajo una poética. De los cuatro libros, uno es sobre eso, el cual he titulado El llamado y el don, y que fue publicado por Auieo, de Marco Perilli. Es una reflexión sobre la práctica de la poesía, y sobre la relación de la poesía en muchos ámbitos diferentes… Entonces, como ves, hay algo en mi naturaleza que me inclina a escribir… Hay muchas preguntas que me he hecho durante largo tiempo, y que me siguen intrigando.

El Financiero, México, 21 de diciembre de 2012


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